Fernanda Baissi es Coordinadora de Comunicación Institucional de Fundación CEDHA. Especialista en el manejo de sitios open source.

Fuente http://www.lavoz.com.ar/ciudadanos/bajo-grande-aun-sigue-contaminando

Dos peritajes realizados por la Universidad Nacional de Córdoba determinaron que la planta de procesamiento de líquidos cloacales de Bajo Grande tiene importantes fallas, tanto en el procesamiento como en el funcionamiento de los equipos que posee. Esto se traduce en altos índices de contaminación del río Suquía, que recibe los efluentes generados por esas instalaciones.

La planta de Bajo Grande se denomina Estación Depuradora de Aguas Residuales (Edar) y se ubica en la zona de Chacra de la Merced, en el extremo este de la ciudad de Córdoba. Las instalaciones se erigen en el margen norte del río Suquía, que recibe los líquidos cloacales tras el tratamiento de depuración. El 4 de junio de 2010, el Centro de Derechos Humanos y Ambiente (Cedha) presentó una denuncia en la Justicia en la que se solicitaba que la Municipalidad de Córdoba se haga cargo del saneamiento del río Suquía, fuertemente contaminado por años de volcamientos de líquidos cloacales deficientemente tratados en Bajo Grande.

En el marco de esa denuncia, el juez Federico Ossola libró sendos oficios a la rectora de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), Carolina Scotto, para que designe un interventor ingeniero civil y otro ingeniero químico para informar sobre el funcionamiento de la Edar.

Los peritajes se realizaron entre junio de 2011 y abril de este año, cuando la ampliación de la planta realizada por la Nación ya funcionaba, por lo que no deberían haberse encontrado fallas en los procesos.

Los resultados. El informe sobre el “impacto del vertido de la Estación Depuradora de Aguas Residuales (Edar) Bajo Grande sobre el río Primero (Suquía)” fue realizado por un equipo del Centro de Tecnología de Química Industrial de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, liderado por Carlos Mancini.

En las conclusiones se informa que en el 45 por ciento de los monitoreos realizados no se detectaron rastros de cloro en el efluente enviado al río, y que en el mismo porcentaje de casos los valores de bacterias coliformes totales y fecales superaron ampliamente los admitidos por la normativa vigente.

“Si la cloración no es eficiente, existe el riesgo de la supervivencia de microorganismos patógenos poniendo en riesgo la salud de las personas que entren en contacto con el agua del cuerpo receptor”, sostiene el informe. Asimismo, agrega que la Edar descarga al río un efluente con una concentración de materia orgánica “mayor a la que este curso de agua puede asumir”. Eso provoca una disminución de oxígeno disuelto en el río “con el consecuente daño sobre la vida acuática”.

Finalmente, el informe indica que el caudal de los líquidos vertidos por la planta no permite una rápida recuperación del río. “Es superior al caudal que el cuerpo de agua puede asimilar, aun en la situación hipotética de que el efluente (…) se ajuste a lo que indica la normativa”, explica, y concluye que “la relación caudal río/efluente debe ser superior a cuatro a uno; es decir, el caudal del río debe ser cuatro veces superior al caudal del efluente descargado”. En el caso de Bajo Grande, el caudal medio del efluente es de 2,45 metros cúbicos por segundo, mientras que el del Suquía es de 2,51 metros cúbicos: la relación es de uno a uno.

Por su parte, la pericia de ingeniería civil fue realizada por Carlos García Rodríguez, del Centro de Estudios y Tecnología del Agua (Ceta) de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. El estudio afirma que “se observaron fallas mecánicas en componentes de la planta y que en todos los actos periciales “dos de los percoladores secundarios estaban fuera de funcionamiento”.

También se alerta que la planta de tratamiento carece de un sistema preciso de monitoreo de los caudales, y que en las tres veces que se visitó, la Edar estuvo trabajando a un 44, 70 y 80 por ciento de su capacidad, respectivamente.

Historia de la planta

Construcción. La Edar se construyó en 1987, con una capacidad de tratamiento de cinco mil metros cúbicos por hora. En 1998 ya se encontraba al límite, y fue sobrepasada en sus posibilidades de procesamiento.

Ampliación. En 2006 se comenzó a construir una ampliación, que permitiría tratar 10 mil metros cúbicos por hora y que debía finalizarse para mediados de 2009. Sin embargo, recién se terminó de construir y se puso en funcionamiento en el primer trimestre del año pasado.

Cómo sigue la causa

Evidencia. Juan Picolotti, abogado del Cedha, sostuvo que las pruebas demuestran la contaminación del río Suquía, por lo que solicitarán que el municipio entregue los insumos para que la Edar funcione correctamente, y que no se realicen volcamientos de líquidos sin tratamiento.

Conexiones. También pedirá al juez que se ordene al intendente no autorizar nuevas conexiones a la red cloacal y que se realicen un mapa sociodemográfico y un cordón sanitario.

Cuenta. Finalmente, se requerirá a la Justicia que el 50% de lo recaudado en concepto de cloacas vaya a una cuenta específica para cubrir los costos de una correcta ampliación y funcionamiento de Bajo Grande.

Fuente http://www.lavoz.com.ar/ciudadanos/bajo-grande-aun-sigue-contaminando